Cine: “La explosión del cine low cost español”, por Antonio Morales

La explosion del cine español low cost

En Ilusión (2013), la primera película de Daniel Castro, un peculiar cineasta busca desesperadamente financiación para su musical sobre los Pactos de la Moncloa. El propio Castro interpreta al protagonista, en una suerte de traslación a la ficción digital de su propia aventura a la hora de rodar la película. El título de Daniel Castro es uno de los más representativos de esta nueva ola del cine español que está consolidándose poco a poco, haciendo de la precariedad de medios uno de sus rasgos distintivos. Y es que vivimos un momento crucial, donde todo se ha transformado a una velocidad difícil de asimilar sin provocar desconcierto: público, formatos, difusión o políticas culturales parecen haberse puesto de acuerdo para mutar en sincronía. Por el camino, ha ido desapareciendo aquel cine español que llegó a producir más de cien títulos al año de la mano de su modesto, pero efectivo, star system centrado en comedias urbanas o dramas sociales.

Esta trasformación ha coincidido afortunadamente con el abaratamiento de los equipos digitales, capaces de ofrecer unas prestaciones que pueden disimular sin problema la carencia de medios, aunque la pulcritud de la misma, a la que nos tiene tan acostumbrado la publicidad y el cine de Hollywood, no sea un fin en el cine que nos ocupa. Juan Cavestany, por ejemplo, ha estrenado sus últimos títulos con una imagen que a duras penas podría pasar por ejercicio de estilo amateur, pero que en sus manos cobra un valor personalísimo, de Dispongo de barcos (2010) a Gente en sitios (2013). Por no hablar de María Cañas, realizadora trituradora de contenidos audiovisuales, creadora de fascinantes collages tan ingeniosos como Sé villana. La Sevilla del diablo (2013).

Títulos arriesgados que empiezan a encontrar acomodo y espectadores gracias a sus propios refugios de exhibición, desde la ya fundamental Cineteca de Matadero a los cines que forman la red de CineArte, así como las numerosas pantallas de los centros culturales, museos o fundaciones, en este caso, proponiendo alternativas alejadas de la industria. Aunque Internet sigue siendo la gran ventana de exhibición, ya sea formando parte de festivales tan necesarios como Márgenes o a través del VoD de plataformas como Filmin o Filmotech.

Esta nueva estructura, pequeña y frágil de momento, es la que está permitiendo la proyección y difusión del trabajo de estos nuevos cineastas, algunos de los cuales podríamos clasificarlos en varias corrientes. Por un lado, estarían aquellos que plantean propuestas audiovisuales cercanas al videoarte o al cine de autor más libre, arriesgados proyectos que se adaptan con tranquilidad a las salas alejadas de las máquinas de palomitas, como en el caso del Colectivo Los Hijos con Los Árboles (2013), Víctor Iriarte con Invisible (2012), Andrés Duque con Ensayo final para utopía (2013) o El Futuro de Luis López Carrasco (2013). Por otro lado, ese documental sosegado que parece adentrarse por los senderos abiertos por José Luis Guerín o Mercedes Álvarez, que sería el caso de Arraianos (2012) de Eloy Enciso, Costa da Morte (2013) de Lois Patiño,  La Plaga (2013) de Neus Ballús o La casa Emak Bakia (2012) de Oskar Alegría. Luego estarían todos esos realizadores que tienen en el humor su gran baza, los que cultivan una comedia única, entre el absurdo y el esperpento,  el caso de Norberto Ramos del Val con Faraday (2013), La lava en los labios (2013) de Jordi Costa, Carlo Padial con Mi loco Erasmus (2012), los Burnin’ Percebes con Searching for Meritxell (2015) o Canódromo abandonado con La tumba de Bruce Lee (2013).

Quedan muchos más títulos, como Sueñan los androides (2014) de Ion de Sosa, Las aventuras de Lily Ojos de Gato (2013) o Las altas presiones (2014) de Ángel Santos o, por supuesto, el debut de Carlos Vermut Diamond Flash (2011), todos únicos y recomendables, que animan a seguir rastreando en busca de nuevos títulos con los que seguir soñando por un renovado e inédito nuevo cine español. Antonio Morales. 

Antonio Morales (1977) es dramaturgo y director de cine. Alterna sus trabajos audiovisuales y teatrales con la crítica cinematográfica en diferentes medios de prensa y radio.

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