Reseña: “Fachadas” de Eric Lundgren, por Víctor Balcells Matas

"Fachadas". Eric Lundgren. Malpaso (2015). Traducción de Esther García Llovet. 224 páginas. 19 euros.

“Fachadas”. Eric Lundgren. Malpaso (2015). Traducción de Esther García Llovet. 224 páginas. 19 euros.

Novela. A la hora de enjuiciar un libro, el crítico puede escoger entre múltiples objetos de atención. No todos los escritores son capaces de alcanzar la excelencia en cada uno de los aspectos de la construcción de una novela, pero no por ello resultan menos interesantes si en determinados ámbitos logran destacar. La premisa de Fachadas es la siguiente: desaparece la mujer del narrador, una mezzosoprano muy famosa de una ciudad imaginaria del medio oeste americano, Trude. Por un lado, asistimos a una trama de carácter policíaco que se acerca al absurdo y que adopta tintes cómicos –sobre todo en la figura de los detectives que investigan el caso- que no casan bien con el tono predominante, de orden crepuscular, de la obra. En cuanto al desarrollo de la misma encuentro dispersión sobre todo en la segunda mitad del libro y decisiones narrativas que muestran a Lundgren como un escritor tal vez todavía inmaduro: la sensación de inverosimilitud surge de una combinación excesivamente variada de registros y de la utilización de una lógica cambiante. Debe prepararse al lector para el absurdo, y no resulta funcional combinar pasajes enteramente realistas con soluciones opuestas si no existe una razón válida para ello. Sin embargo, resulta reseñable el desgranarse de la relación entre el personaje principal y la desaparecida, donde lo que no se dice y solo se sugiere permite suponer que, en alguna medida, estamos ante un narrador que tal vez mienta. Por otro lado, encontramos en Fachadas elementos que justifican su traducción (buena traducción, por cierto). Al margen de la trama, resalta el aspecto imaginativo. Trude, con sus excesos urbanísticos, remite al imaginario de Calvino o Borges con elementos genuinos de la narrativa norteamericana postmoderna. Los pasajes que incluyen descripciones de la ciudad, tanto históricas como arquitectónicas, son de gozosa lectura aunque los referentes sean claros. La ciudad, dominada por un psiquiátrico y por un centro comercial de características laberínticas, me ha recordado mucho a El anticuario, de Gustavo Faverón (Candaya). Ambas novelas, contemporáneas, juegan con la idea del laberinto tanto en el ámbito espacial como en la trama de corte policíaco y ambas novelas fracasan parcialmente en lo narrativo y triunfan en lo imaginativo. Una coincidencia que reseño aquí porque me resulta francamente sorprendente. En cualquier caso, es indudable que Lundgren es un escritor de talento, y es más que probable que Malpaso vea en él un valor de futuro.  No es justo exigir la perfección a un escritor en ciernes. Si bien no parece haber dado con la clave para lograr una novela íntegra, Lundgren es soberbio en algunas páginas; no sólo en lo descriptivo, también en la construcción de determinadas escenas, en la voz y las imágenes, en la rica y original adjetivación. Como decía Nijinski: yo no soy feo, sino de formas irregulares. Y eso también puede merecer la pena. Víctor Balcells Matas.

Fachadas, autor,

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