Reseña: “El buitre” de Gil Scott-Heron, por Juan Losa

“El buitre”. Gil Scott-Heron (Chicago, 1949 – Nueva York, 2011). Hoja de Lata (2015). Traducción: Antonio Vallejo Andújar. 304 páginas. 23,90 euros.

Novela. Antes de que el hip hop deviniera en oda a la opulencia con machirulos desafiantes y jamelgas-comparsa, hubo un tipo llamado Gil Scott-Heron (Chicago, 1949 – Nueva York, 2011) que tuvo a bien recitar sus diatribas lírico políticas sobre un batiburrillo de soul, funk y jazz. Los entendidos en la materia sitúan dicha ocurrencia como el germen del hip hop, aportación clave a la música popular negra que se convertiría en el vehículo expresivo por excelencia de los anhelos del gueto afroamericano.

Sucedió en 1970 con el disco de spoken word Small Talk At 125th And Lenox, trabajo que abrió la veda creativa y sirvió de preludio a joyas que marcaron época como Pieces of a Man (1971), donde se encontraba la emblemática y hoy más actual que nunca “The Revolution Will Not Be Televised”.

Pero al ansia comunicativa de Scott-Heron no le bastó con estos primigenios escarceos musicales y no dudó en aparcar sus estudios universitarios en la Lincoln University para probar suerte en la arena literaria. Fruto de dicha apuesta personal nace El buitre (Hoja de Lata), novela que se le antojaba obsesiva al joven aprendiz de bardo. “No sería muy exagerado decir que mi vida había llegado a depender de terminar El buitre y que alguien aceptara publicarlo. No solo porque con ello iba a caer en mis manos febriles más dinero del que nunca creí que fuera a ver, sino porque había apostado más de lo que tenía derecho a apostar a que así iba a ocurrir. Y las probabilidades de éxito eran mínimas”, explicaba en su día Scott-Heron.

El resultado es una historia en la que se dan cita la fauna y flora que vio nacer al Dylan afro. Camellos, bandas latinas, la pasma, droga y un despertar negroide que Scott-Heron narra sin paternalismos ni epicidades cinematográficas. Novela negra no tanto por el género que adopta, que también, sino por su capacidad para captar la cultura de los negros estadounidenses, una cultura tradicionalmente sometida al poder blanco y que a finales de los sesenta yacía anémica ante la epidemia de la heroína y la alienación catódica.

ca. April 1980, Los Angeles, California, USA --- Influential jazz, soul, and hip-hop musician Gil Scott Heron kneels on a patch of grass overlooking Los Angeles. --- Image by © Neal Preston/Corbis

Fotografía cedida por la editorial.

En este sentido, El Buitre evidencia una pugna entre la ley del hombre blanco, cuya influencia resulta omnipresente en el gueto, y esa búsqueda anhelante del hermano, del igual. Tal y como explica Daniel Bernabé en el prólogo de la edición española, en el gueto confluían “jóvenes camellos y jóvenes activistas del poder negro; chicos que apenas levantan moralmente un palmo del suelo y chavales que han tomado la literatura como guía existencial para poder burlar el destino previsto. Poesía y panama red; madres tapando los ojos a sus hijos y esas figuras que arrastran los pies buscando la aguja”. Un ecosistema en perpetua descomposición en el que la suerte de sus moradores se mantiene siempre en el filo, a medio camino entre la fatalidad y el porvenir.

Un limbo del que tampoco se libró Gil Scott-Heron. Tras la publicación en 1994 de Spirits, uno de sus discos más logrados, el poeta de Chicago da con sus huesos y sus ideas en la cárcel durante año y medio acusado de posesión de cocaína en varias ocasiones. Sería el principio del fin. El sida acabó con su vida el 27 de mayo de 2011, pero dejó tras de sí un legado musical gigantesco, un buen puñado de letras de esas que emancipan al más servil de los súbditos y una novela valiente y despiadada como es El buitre, capaz no solo de despertar consciencias, sino también de anticipar una quiebra en el estado de las cosas.

Recomendaciones de Juan Losa:

Capitalismo canalla, César Rendueles. Seix Barral, 2015.

Una revolución de la mente, Jonathan Israel. Editorial Laetoli, 2015.

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