Opinión: «Vacaciones» por Guillermo Aguirre

Guillermo Aguirre - Vacaciones

Las vacaciones son eso que se estira sobre tardes tontas y cosas que uno desearía hacer durante el año: andar en bici o dibujar, hacer rafting o atacar esas lecturas gordas y pendientes. Yo, por ejemplo, este verano he leído Viaje al fin de la noche, de Céline. Hace falta descanso y tiempo para poder enfrentar libros de más de 600 páginas. El tiempo es algo raro, uno solo lo tiene en época estival, ya que uno solo parece disponer de tiempo para perder cuando todo el mundo alrededor lo está perdiendo, el tiempo, claro.

Pero no todo descansa durante el verano. La muerte no lo hace, por ejemplo. Esa está todo el año haciéndose el agosto, que con el calor además suele venir con mayor porcentaje de clientes. En estos alrededores nos han dejado unos cuantos: Chirbes, Krahe, Salter o Sacks. Hay más, por supuesto.

Así que uno anda en verano con su libro gordo a la orilla del río, o sentado en una hamaca de plástico, alza la vista al móvil y sólo se entera de eso, de los que se van muriendo en derrame estival. Y es que en verano las noticias duermen, menos aquellas sobre los muertos, que estos no esperan y poco o nada saben de vacaciones.

En una de las múltiples historias de Viaje al fin de la noche, uno de los personajes se dedica a dejar pasar a los turistas a una cripta donde abundan fallecidos a medio consumir. Dice el narrador: “la tía Henrouille no se perdía una visita. Los hacía trabajar, a los muertos, como en un circo. Cien francos al día en temporada alta”.

Es una idea excelente esta. Y sin embargo es una idea más común de lo que creemos. Cuando alguien se va no tardamos en llenar Facebook de comentarios, bien sea sobre nuestra última copa con el fallecido, bien con la despedida más luminosa en algo que cuesta distinguir entre alabanza o egoísta búsqueda de visibilidad. Si el difunto escribe veremos reediciones; si pinta, exposiciones; si era actor, blurays y otras zarandajas. Allá van también los medios, rápidos en la difusión del muerto, buscando mejor posicionamiento SEO.

No digo que solo sea eso, así como maléficamente consciente, pero algo de tía Henrouille llevamos todos dentro. Es fácil con el muerto insigne, que arrastra estela, obra, imaginario común y perfil público, pero la cosa adquiere tintes más siniestros si se piensa en el muerto anónimo, coyuntural, el niño ese, por ejemplo, tirado en la arena de la playa. Y entonces da cierto temor pensar cuánto tiene de eso que se llama “concienciación” el hacerse eco una vez y otra de la foto y cuánto de trabajo infantil. Entiéndase, cuánto de tía Henrouille, como en un circo, poniendo a currar al muerto. Guillermo Aguirre.

Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984) es autor de las novelas Electrónica para Clara y Leonardo. Ha participado en diversas antologías entre las que cabe destacar Diez bicicletas para treinta sonámbulos, Bajo treinta o Última temporada. Actualmente es coordinador de cursos en Hotel Kafka y coordinador de redacción para la página de cultura Ámbito Cultural.

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