Opinión: «Cartas del Preste Juan 4», por Carlos Yushimito

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Que la literatura circula mejor que antes en estas épocas de vertiginoso globalismo es posiblemente junto con el de la diversidad que la describe, una de las mitologías más aludidas por los amantes de las dóciles extravagancias. Los viajes se ocupan siempre de desacreditar, apenas con un poco de vagabundeo, tan blanda como desconcertante zona de molicie. Hace exactamente hoy tres años que leí a Mauricio Wácquez gracias a un viaje a Chile, dos desde que conocí la luminosa obra de Tomás González en Colombia y poco menos de un mes desde que, en las caliginosas alturas bolivianas, tuve la suerte imprevista de suministrarme la obra del vehemente paceño Jaime Sáenz, todavía un secreto injustamente entacañado por la pobre locomoción de la que parece adolecer lo inestimable.

¿Por qué no ocurre con ellos, se preguntará el lector, aquel milagro de la diapédesis literaria, ese don pocas veces ecuánime de lo placentero que permite que algunos autores crucen contornos nacionales? ¿Por qué parece no indemnizar el destino a las obras de mérito con la equitativa demanda del tráfico letrado? Las virtudes de lo que ha venido en llamarse, desde por lo menos la última década, World Literature, sobre todo en los países de hegemonía cultural –esencialmente anglófonos–, aparentemente se concentran en el valor de lo “traducible” como el nuevo valor de uso literario: ese retorno al empeño ilustrado de Goethe por encontrar en el tránsito de las lenguas un instrumento práctico de mediación y diálogo.

Uno de los principales divulgadores metodológicos de este bullente campo disciplinar, el profesor de Harvard University, David Damrosch, ha abreviado los criterios que miden y tal vez justifican la fortuna dispar de los textos narrativos a través de tres principios: a) Su traductibilidad (translability): lo que en muchos, sino en todos los casos, favorece la circulación de textos elaborados a partir de un grado cero de la escritura; b) su carácter refractario doble: que permite que los textos globalizados continúen, debido a sus “propias marcas de origen”, afectando a lectores locales tanto como a los transnacionales; y c) su libertad, intuitiva o asociativa, para articular una nueva tradición literaria que se acomoda a una lógica mundializada del libro, en gran medida adecuada a su consumo desterritorializado. Lo que hoy se denomina novela latinoamericana global es, en consecuencia, resultado del tránsito entre las semiperiferias (España, para el campo idiomático castellano) y el centro (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia) de una serie de textos que refieren a un circuito internacional de traducciones ya previamente filtrado de sus contextos nacionales, en el que la “consciencia” autoral del mundo, en realidad, se inscribe en un proceso de consumo diversificado o multipolar.

Tales pudores poscoloniales del multiculturalismo, tales valores sometidos a la lógica satisfactoria de la circulación homogénea, no aciertan a integrar una explicación del todo apacible para la voluntad distributiva entre países que comparten una misma lengua. Fuera del Perú, dos de nuestros autores más significativamente talentosos –Miguel Gutiérrez y Edgardo Rivera Martínez– apenas son leídos y dudo, ciertamente, que alguna vez sean traducidos a otra lengua que no sea también periférica. Asistimos hoy a la alerta vociferante de nuestra hospitalidad mientras las balsas que recorren la narragonia de un tiempo moderno enloquecido de indiferencia, siguen topando con muros y hundiéndose en sus abismos. Hay tantas voces como cuerpos que se ahogan a diario y que, en la dificultad de su sonido, de su léxico y de los tejidos conflictivos y heterogéneos del mundo que también representan, nos aleccionarían sobre la diferencia cultural con mucha más elocuencia que una fotografía sentimental vaciada de su significado en un muro de Facebook. Lo intraducible, lo inédito, lo difícil de “conocer” ni siquiera alcanzan para la esfera pública ese estatuto dramático de la indiferencia en quienes habitan las orillas de las lecturas civilizadas. Carlos Yushimito.

Carlos Yushimito (Lima, 1977) es escritor. Los bosques tienen sus propias puertas (Demipage) es su último libro publicado.

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