«Como la lechuza cuando de día aparece*» por Donatella Ianuzzi

En 1929 Arnoldo Mondadori Editore (la editorial que luego compraría Berlusconi para alimentar su megalomanía mediática) inaugura una colección destinada a convertirse en un hito en la historia editorial italiana: Il Giallo Mondadori. Es por ese giallo (amarillo) de sus cubiertas que el término pasó a designar el género negro y policíaco.

En este mundo de ficción amarilla, la identidad del culpable siempre quedaba al descubierto.

Unos años antes en 1921 nacía en Rocalmuto Leonardo Sciascia, el escritor que encontró la verdad en el fracaso de su búsqueda.

No se conocen fotos de Sciascia de joven. Su imagen se cristalizó en la de un señor de mediana edad de traje y corbata, fumando un eterno cigarrillo y siempre con esa mirada tierna, triste y derrotada, propia de los maestros.

Hay una anécdota que resume la sicilianidad de Sciascia y su profundo respecto por los arcaicos códigos sociales. La relata Andrea Camilleri hablando de su primera visita al pueblo del escritor. Sciascia le había llamado para invitarle a tomar un café. Camilleri sale en coche de Porto Empédocle con un amigo pero llegados a la Contrada Noce Sciascia no estaba allí, deciden entonces dar un paseo por el pueblo. Recorriendo la amarga cuesta de la calle principal, van preguntando a todos los que se cruzan en su camino si por casualidad habían visto a Sciascia, el escritor. Sorprendentemente nadie del pueblo parece saber de quién están hablando. Cuando al final de la cuesta encuentra a su amigo, Camilleri le propone tomar un café en el primer bar, pero Sciascia le dice que allí no, lo toma del brazo e inician a bajar la misma cuesta, en una especie de desfile oficial. En su segunda visita a Rocalmuto, Camilleri ya era para todos el amigo de Sciascia, un hombre respetable. Esto era Sicilia y esto es Sicilia.

Sciascia en su obra se apresta a resolver un complejo puzle aun sabiendo que le faltan varias piezas. El escritor acepta humildemente la derrota. Es consciente de la imposibilidad de una solución pero no se retira, sigue luchando y en esa lucha está su grandeza. Una lucha que como en la mejor tradición dramática griega, no admite la resolución del conflicto.

El epicentro de su obra radica en la irremediable fascinación por los misterios sin resolver, sus meticulosas deconstrucciones de los hechos tienen el único fin de reconstruir la derrota de la verdad. Es un canto a la imperfección humana, hay compasión en Sciascia y una profunda tristeza en esta constatación. La única verdad es que no hay verdad. Y la otra verdad es que tristemente solemos necesitarla. Todos los grandes clásicos del misterio, los gialli que millones de italianos compraban en el quiosco ofrecían la verdad, la tan anhelada solución. Sciascia se subleva contra esa literatura del consuelo.

Fotografía cedida por la editorial.

Fotografía cedida por la editorial.

El foco de su atención entonces ya no está en la solución del puzle sino en las razones de su incompletitud. He aquí donde Sciascia asigna al Poder (la fusión del institucional y del no institucional) esa facultad de manipulación y sustracción. Ese poder, el mismo que tenía la decencia de actuar solo de noche, actúa ahora como la lechuza cuando de día aparece.

Sus investigaciones casi siempre inspiradas en hechos reales o ajustadas a la realidad, han ido midiéndose con pequeños y grandes misterios.

Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel inauguró nuestra colección de Piccola en 2010.

Treinta y ocho años después de la muerte del gran escritor francés (que tuvo lugar en 1933 en la habitación 224 de su hotel de Palermo oficialmente por una sobredosis de barbitúricos), Sciascia revisa los expedientes del caso y construye un relato fascinante cuyo propósito es levantar dudas sobre la verdad oficial y devolver la muerte de Raymond Roussel a la categoría de caso irresuelto.

El libro llegó a las librerías el mismo mes en que moría en Palermo Elvira Sellerio, la gran editora siciliana a la que debemos el descubrimiento de algunos de los grandes autores de nuestro tiempo: Camilleri, Bufalino y el mismo Sciascia.

Aviso al lector: este texto se redactó evitando intencionadamente el empleo de la palabra “mafia”. En la ausencia está su verdad más tangible.

A Sciascia le habría gustado.

 

*William Shakespeare, Enrique IV

Donatella Ianuzzi es editora y fundadora de Gallo Nero, labor que compagina con la enseñanza del oficio en el curso de Taller de los Libros.

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