Opinión: “El affaire y los papeles 4” por Mónica Ríos

mónica ríos

El año pasado una actriz inglesa discurseó frente a un bienpensante grupo de las Naciones Unidas sobre feminismo. Pocos meses después una cantante de Estados Unidos se paró frente a un cartel de neón que decía feminist. Me pregunto si acaso este malestar frente a la espectacularización del feminismo tiene que ver con ese privilegio que baja, como reloj de arena, del norte al sur. Me refiero, claro, al privilegio que decide separar las luchas de las mujeres de las de otras minorías que se oponen al imperialismo y el capital. Hace unas décadas, una escritora chilena, Amanda Labarca, publicó un libro titulado Feminismo contemporáneo que explicaba a los sectores letrados cuáles eran los objetivos políticos del movimiento de mujeres; permitía, pues, visualizar el abanico de fuerzas sociales que querían darle un sentido a la palabra feminismo. Retomando ese gesto, puedo expresar mis dudas sobre el viaje unilateral, casi siempre impregnado de olvidos históricos, de ese feminismo de espectáculo.

Es un lugar común –se incluye en las guías turísticas de París– que las feministas francesas intervinieron uno de los monumentos nacionales para reivindicar la historia de las mujeres. Pusieron un cartel en la tumba del soldado desconocido para afirmar que había una persona aún más desconocida que ese soldado, su esposa. Más de un siglo antes, Toussaint Louverture desde Haití se preguntó por el sentido de “universalidad” en la Declaración de los Derechos del Hombre y los Ciudadanos. Ambos reclamos irrumpieron en el andar de la historia poniendo en entredicho el espectáculo de la nación triunfante. Efectivamente, hay alguien aún más desconocida que la esposa del soldado, enterradas bajo la letra, el valor de una cultura y un territorio. Esa es la lengua que recupera el feminismo. Es decir, no es solo una palabra que nos ayuda a cobrar sueldos equivalentes, sino que rompe la naturalidad que se impone en las calles, los baños, la cotidianidad y cada transacción que pasa de mano en mano, de boca en boca. El feminismo que se ha desarrollado durante el siglo veinte piensa los géneros, la raza y la geopolítica fuera del sistema mitológico jerárquico; interrumpe el pensamiento humanista, el capital, la hegemonía de la palabra, el color y proveniencia de los cuerpos. De hecho, el feminismo nos permite imaginar el lugar donde serían impensables los géneros. La apropiación de Emma Watson, Beyoncé y tantas otras sobre el provocador feminismo repavimenta el camino para que el dinero siga cayendo de norte a sur; quieren olvidar cómodamente que los movimientos de mujeres son revolución. Mónica Ríos.

Mónica Ríos (Santiago de Chile, 1975) es editora, crítica y escritora, autora de las novelas Segundos y Alias El Rocío. Actualmente reside en Nueva York, donde imparte talleres de narrativa en la Universidad Desconocida de Brooklyn.

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