Cine: «No te va a doler 3», por Esther García Llovet

Esther garcía llovet 1

El amor engorda. El amor alimenta por sí mismo, genera endorfinas y oxitocinas, que son palabras que suenan a muchas calorías y por eso en las películas de amor los protagonistas casi nunca tienen que trabajar en nada de nada. Ocurre en muchos otros géneros, salvo en las películas de polis y detectives privados y ladrones de coches o bancos en las que queda claro de dónde sale la guita para vivir, pero en las románticas los protagonistas parece que viven del yeso de las paredes o del oxígeno que extraen a cámara lenta de los pulmones de su pareja. Tienen todas las horas del día para charlar, hablar por teléfono, dar largos paseos (por el parque), pueden citarse a cualquier hora, cualquiera del día o del la noche les vale. A veces como mucho, suena un despertador y él o ella salen pitando porque “llegan tarde al trabajo”. ¿A qué trabajo? Si lo hacen el de ella suele ser en una floristería, (Meg Ryan haciendo arreglos florales con piñas y crisantemos puede colar), y si quien trabaja es él será pintor o tocará en una banda grunge o diseñará barcos de madera que no compra nadie pero da lo mismo porque son muy bonitos y están hechos con madera de amor puro. También puede ocurrir que curren de camareras o baristas en cafeterías y delis caros, algo que veo con mucha frecuencia en las películas románticas, se debe de ligar considerablemente sirviendo mesas. En cualquier caso son trabajos un poco cutres y misérrimos y pobretones, que siempre generan la simpatía inmediata del espectador (¿Los ricos se enamoran? Los ricos se gustan, son guapos siempre, esto viene por descarte genético, pero también les gustan las sandalias de Jimmy Choo y los Testarrosa y pasar el finde en las Barbados y esto dispara muchísimo la producción de una película). Al espectador le gusta ver eso, el amor a palo seco, entiende enseguida los vaqueros raídos y el pisito con una cocinita como de juguete donde cocerán espaguetis, si es comedia romántica, o se quedarán pelando la pava del Día de Acción de Gracias, o sacarán un par de copas de Pinot Noire si la cosa degenera en drama, que es a donde degenera todo el amor si se le da tiempo suficiente y sobre todo si se le quita presupuesto. Esther García Llovet. 

Esther García Llovet (Málaga, 1963) estudió Psicología Clínica en la Complutense de Madrid y Dirección de Cine en el TAI. Ha publicado las novelas Coda, Submáquina, Las crudas y Mamut y relatos en diversas antologías.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s