Reseña: «Diccionario de neolengua» de Carlos Taibo y Enrique Flores, por Ana March

Diccionario de noelengua. Sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje. Carlos Taibo (Madrid, 1956) y Enrique Flores (Badajoz, 1967). Catarata (2015). 160 páginas. 14 euros

Diccionario de noelengua. Sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje. Carlos Taibo (Madrid, 1956) y Enrique Flores (Badajoz, 1967). Catarata (2015). 160 páginas. 14 euros

Nombrar lo falaz a fin de aniquilarlo.

“Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”, sentencia Wittgenstein, el gran filósofo de la palabra, aquel que nos advirtió también que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. La palabra define la realidad, entonces, ¿qué clase de mundo tendremos si no sometemos el verbo al yugo de la autoestimulación cognitiva? Desde luego que uno fácilmente manipulable, y esto lo saben bien los políticos, quienes, valiéndose de argucias retóricas se sirven de la palabra con el objetivo manifiesto de ocultar evidencias e intentar influir en nuestra conducta distorsionando nuestra visión de la realidad. El mismo uso léxico con fines represivos que ejercía el Partido Único en la novela distópica de George Orwell, 1984, creador de una lengua cuyo fin era dominar el pensamiento. Su mecanismo: la eliminación sistemática del lenguaje de aquellos aspectos que pudiesen acarrear “crímenes del pensamiento”, es decir, eliminar los significados que pudieran hacer pensar en cosas que constituyesen un peligro para el sistema establecido. Orwell la denominó neolengua. En nuestra sociedad orwelliana la neolengua está muy extendida, esto lo saben bien quienes prestan atención al artefacto ideológico que subyace bajo el uso del lenguaje, entre los que se encuentran Carlos Taibo, escritor y profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, y Enrique Flores, ilustrador del El País, quienes acaban de publicar, Diccionario de neolengua. Sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje, un libro que persigue activar las explosivas omisiones que se esconden bajo la universalización de ciertos neologismos y hacer saltar por los aires los pilares centrales de la catalepsia argumentativa que resulta de aceptar el uso de ciertos eufemismos que amenazan el razonamiento y el modo de entender la realidad y paralizan una acción efectiva. Mediante el certero uso de la ilustración como alegoría y del resorte del humor y la sátira, los autores persiguen desenmascarar lo que subyace bajo el uso de términos como “flexibilización del mercado laboral”, “emprendedor”, “deuda soberana”, “crisis”, “bipartidismo”, y un largo etcétera. Con grandes dosis de ironía, contraponen la realidad empírica al significado que se da a estos términos, ayudando a despejar la neblina impuesta por los convencionalismos de la lengua. Decía Barthes que un significado nombrado es un significado muerto. En el presente, la confrontación social existente entre los nuevos y los viejos modelos de lucha necesita de una inteligencia política capaz de cuestionar y repensar la misma cuestión revolucionaria, reelaborar sus estrategias, iluminar sus debilidades, a fin de efectivizar la resistencia. El ataque debe hacerse desde la no-violencia de la razón, liberar las cosas de su “captación” bajo los principios de nuestra época, comprendiendo los fundamentos que los ahorman. En este sentido, la tarea práctica que ocupa el trabajo de Carlos Taibo y Enrique Flores se inscribe como absolutamente necesaria: nombrar lo falaz a fin de aniquilarlo. La inteligencia es estructuralmente lingüística. Tanto nuestra conciencia como nuestra relación con el mundo se forjan sobre el lenguaje. Si estamos inmersos en la palabra de un modo definitivo, resulta del todo imprescindible ejercer un análisis introspectivo, no sólo de nuestra propia habla interior, que es en definitiva la que articula nuestra subjetividad y nuestra voluntad, sino también sobre los discursos que de forma continua recibimos desde el exterior. Ejercer una voluntad de conquista sobre el lenguaje en aras de que el nombre con el que designamos las cosas no pueda conducirnos a equívocos. Ana March.

Ilustración: Carlos Giménez

Ilustración: Carlos Giménez

Recomendaciones de Ana March:

El alma de las marionetas. John Gray. Sexto Piso (2015).

Repensar la anarquía. Carlos Taibo. Catarata (2015). 

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