Opinión: «Elena Medel, ser mayor a los 15», por Antonio Lucas

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A Elena Medel la conocimos cuando aún tenía 15 años. En 2000 Córdoba aún era uno de los faros de costa de la poesía joven española y muchos pimpollos de otras ciudades bajábamos hasta allá para tomar muestras sobre el terreno del Ph de aquel vivero poético cargado de fuerzas conspiradoras. La reliquia incorrupta de esos días era la Medel, que calzaba ropa de niña inconcreta y sonreía con los colmillos de leche por fuera. Estaba preparando poemas con el ánimo aplicado de los que vienen a comerse el mundo, aunque nadie sabía exactamente lo que iba a traer. Estudiaba y leía. Asomaba los ojos por detrás de una media melena y cuando la noche andaba terca se ocultaba detrás de un vaso de coca cola, creo que “light”.

Por entonces, como ahora, hablaba mucho de Sylvia Plath. A veces de Anne Sexton. Y un día creo que le escuché algo de Ana Ajmátova. Poesía escrita por mujeres. Elena, por entonces, no solo era una poeta, sino también un síntoma. Los muchachitos de época (arranque del siglo xxi) eran más narrativos, como arquetipos que escribiesen versos con alma de nailon. Ella parecía, a su manera, una coleccionista de desastres adolescentes, de visiones ingenuas que querían auparse sobre la ingenuidad, de poemas raros para una chica normal. Y publicó Mi primer bikini en DVD. Y el golpe fue seco. Aquella muchachita de 17 años estaba acuñando con su idioma inicial el valor inédito de las cosas de siempre. Y nos gustó. Y se hizo sitio entre lo distinto también con una ternura imprescindible. Llegaba hasta nosotros una escritora brava.

Elena sigue siendo Elenita. Es más poeta y menos exótica, pero tiene algo de sello del tiempo. Quiero decir: es el barómetro de la juventud que otros ya hemos perdido. También en la extinta editorial DVD publicó “Tara”. Y antes, el cuaderno Vacaciones. Y después, Un soplo en el corazón (otro cuaderno). Hasta que en 2014 echó a volar Chatterton, un libro de poemas con nombre de suicida por el que le dieron el Premio Loewe de Creación Joven. Era el año de su “confirmación”.

También trabaja de editora en su propia aventura, La Bella Varsovia. Dirige la revista Eñe. Viaja mucho para recitar poemas. Está escribiendo una novela desde hace mil quinientos años, más o menos. La tiene casi acabada. A Elena se le dan muy bien los taxistas melodramáticos, de cada taxi que coge extrae una historia con algo de genial. En la literatura le beneficia una suerte de escepticismo piadoso que le ha difuminado la cara de cumpleaños. Sigue engarzada en aquella sonrisa leve de los 15 años, pero hoy con una revelación lírica y metafísica que es la primera coartada del pesimismo. Elenita le decimos aún. Poeta sin vuelta atrás. Antonio Lucas. 

Antonio Lucas (Madrid, 1975) es licenciado en Periodismo, redactor de Cultura y articulista del diario EL MUNDO, y colaborador de RNE y la Cadena SER. En su trayectoria poética cuenta con los siguientes libros: Antes del mundo (accésit del Premio Adonais, 1996, Madrid, Rialp); Lucernario (Barcelona, DVD, 1999), por el que recibió el premio Ojo Crítico de Poesía 2000 que concede RNE; Las Máscaras (Barcelona, DVD Ediciones, 2004); Los mundos contrarios (Visor, 2009), por el que recibió el Premio Internacional Ciudad de Melilla; y Los desengaños, Premio Loewe 2014.

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