Cine: “La película imaginada: leyendo guiones de cine”, por Antonio Morales

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Fotograma de La isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014)

Hace unos años, los asistentes a la presentación de una nueva editorial especializada en la publicación de guiones de cine vivimos una experiencia bastante absurda, cuando no bochornosa, en este encuentro. En el evento, organizado antes de la proyección de una película en el Cine Doré, uno de los invitados –cineasta cuyo guión iba a formar parte del catálogo– arrancó su participación exponiendo su desinterés absoluto por la lectura y publicación de guiones. Lo que podría parecer la típica boutade para mendigar atención devino rápidamente en un discurso engorroso, lleno de tópicos que, precisamente en aquel momento, no podían resultar más desatinados.

No está mal formular la pregunta: publicar guiones de cine… ¿Para qué? ¿En realidad hay lectores interesados en leer lo que la mayoría de los cineastas considera solo un instrumento de trabajo, el paso previo a su verdadera finalidad: la materialización de la película? Bien es cierto que gran parte de los guiones responden a esa simple funcionalidad, pero otra gran parte no. En teatro tenemos bien asumido que el texto dramático tiene entidad por sí mismo, aunque la puesta en escena de un buen director pueda transformar, incluso amplificar, la potencia del mismo. Qué duda cabe de que los textos de Aristófanes, Jean Cocteau o Tom Stoppard, por ejemplo, pueden disfrutarse alejados de una función teatral. Es verdad que esa consistencia ha provocado una obsesión por el textocentrismo, más perniciosa que positiva, que sigue siendo un punto conflictivo en las artes escénicas. Pero esa es otra historia.

La que nos ocupa es la de aquellos cineastas capaces de estremecer más allá de la imagen, de hacerlo con las palabras, con textos que desde su carácter literario aportan visiones o experiencias que pueden complementar o ampliar el hecho cinematográfico. Cuando no suplirlo, pues no hay que olvidar que muchos de los guiones más atractivos publicados recientemente obedecen a la imposibilidad de su realización. Hace unos meses, sin ir más lejos, la editorial Pepitas de Calabaza publicó Amanece que no es poco (La Serie), título que contiene los cinco primeros capítulos del que prometía ser el evento seriófilo español del año. La continuación, a cargo del propio José Luis Cuerda, de ese título fundamental de nuestro cine adaptado ahora al formato audiovisual de moda. Al final, su destino ha sido convertirse en un libro. Como lo fue el problemático proyecto de Víctor Erice El embrujo de Shangai (Areté, 2001), uno de los guiones publicados en España que más interés han suscitado. Aun así, no habría que considerar como segundo premio la publicación en papel del guión. Más bien todo lo contrario. Un logro editorial.

Probablemente, quien más haya hecho por la publicación de guiones haya sido el gran Jesús Robles. El creador, junto a su mujer, de la maravillosa Librería 8 ½ (calle Martín de los Heros, 11), emprendió una frenética publicación de guiones, con especial interés por el cine español. Gracias a él, todos hemos podido acercarnos fácilmente a la primera concepción, en palabras, de los mundos de Pedro Almodóvar, Iván Zulueta, Rafael Azcona o José Luis Borau. Guiones respetados, transformados o totalmente diferentes a las películas resultantes, pero siempre reveladores, entretenidos, interesantes. A veces acompañados por valiosísima información adicional, desde reflexiones del propio creador a esbozos del storyboard. Películas imaginadas, releídas o reconstruidas, todo depende de lo que busque el inquieto lector.

Como última muestra a este interés creciente que sigue suscitando el guión como artefacto literario, destacar la nueva colección que ha lanzado 70Teclas, un nutrido grupo de guionistas que sufragarán los gastos de la publicación de, a su juicio y mediante votación, los dos mejores guiones españoles estrenados cada año. El último elegido ha sido el de La isla mínima, el aclamado thriller de Alberto Rodríguez escrito junto a Rafael Cobos que, a buen seguro, atrapará a quien se atreva a adentrarse en sus páginas. Antonio Morales.

Antonio Morales (1977) es dramaturgo y director de cine. Alterna sus trabajos audiovisuales y teatrales con la crítica cinematográfica en diferentes medios de prensa y radio.

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