Reseña: “El alma de Gardel” de Mario Levrero, por Mateo de Paz

9788490622384

“El alma de Gardel”. Mario Levrero (Montevideo, 1940-2004). Debolsillo (2014). 128 páginas. 9,95 euros

Novela. Algunas veces sueño y otras veces vivo. Algunas veces pienso y recuerdo, mientras escribo estas palabras, que debe llegar el día en el que para escribir sobre Mario Levrero no haya que hablar antes de Jorge Varlotta. Ni tampoco de la fecha de su muerte, sucedida en 2004. Llegará el día, en efecto, en el que no haya que decir que lo conocimos en España después de que falleciera el hombre real para que el pseudónimo se perpetuara con la publicación de Dejen todo en mis manos, El discurso vacío y la Trilogía involuntaria, kafkiana y de ciencia ficción; o que La novela luminosa, su obra póstuma, es uno de los hitos fundamentales de Latinoamérica en los años posteriores al postboom, o de los posteriores a los posteriores al postboom. Nunca hemos sido reacios a poner etiquetas, como tampoco lo fueron los críticos cuando le colocaron la etiqueta de rara avis a un escritor –Jorge Mario Varlotta Levrero– que fue trasladado a la página literaria en la que descansa también, y lamentablemente, la obra de Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio, sin entenderlos: raro, sí, en el sentido de inclasificable y original, escaso en su clase y especie, pero, al igual que aquellos, con una pequeña legión de fieles seguidores, entre los que yo mismo me encuentro. Y acaso aquel día no haya llegado aún porque, a pesar de su abundante obra, Levrero no es un escritor demasiado conocido, ni siquiera reconocido. Búsquenlo en los manuales de Historia de la Literatura a ver si lo encuentran. Para mí es un pequeño café al que esa pequeña legión de fieles seguidores les gusta dejarse caer de vez en cuando, y repetir la visita y el café, todo lo cual coincide con la publicación de algún libro viejo que pasa por ser “novedad”. Así sucedió con Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo hace un par de años y hoy con El alma de Gardel; un libro raro, a veces hermético, pero en el que encontramos las primeras y últimas bocanadas del cigarrillo de la prosa de Mario Levrero, que no es humo, sino esencia, concentración que constituye la naturaleza de su estilo.

En la lectura de la novela actual –no en toda, claro está– la morosidad no interesa en absoluto porque la expectativa y su resolución se encuentran escritas en la primera página. El alma de Gardel es todo lo contrario: hasta la última, y a ratos, no comprendemos qué está sucediendo. Lo cierto es que si hoy un escritor desconocido enviara el manuscrito de El alma de Gardel a cualquier editorial española, el texto sería rechazado de inmediato porque el comité de lectura no pasaría de la página diez. La novela no avanza, no quiere avanzar, de una manera premeditada por Levrero, porque lo importante aquí es el interior del personaje, nunca la resolución de un crimen que, como en otros casos, se conoce desde la primera línea. Aquí el narrador se mueve hacia atrás porque es un relato sobre la memoria, y en lugar de salir de la Biblioteca, subirse al ómnibus y llegar a su hogar, el narrador vuelve sobre sus pasos y le impide al lector conocer el acontecimiento que vendría. ¿Podría alguien así encontrar su espacio en un catálogo si el estilo de los editores también se ha transformado? El escritor que enviara su novela esperaría una respuesta de la editorial que nunca llega y tendría que dedicarse a un texto nuevo, o esperar que se ponga de moda una novela como El alma de Gardel, algo que no ocurrirá nunca porque lo raro nunca se pone de moda. Lo raro no es una corriente ni un movimiento que haga temblar los cimientos de la historia, y mucho menos un concepto de época. Lo raro, inclasificable y original perdura porque nunca pasa de moda, de ahí su rareza. ¿Quién querría publicar una nouvelle que ni siquiera habla o profundiza en el alma de Gardel o donde el alma de Gardel es un pretexto para hablar de otros temas? Aquí está todo Levrero contenido, en no más de ochenta páginas; solo que en esta edición le han ampliado el tipo de letra y la caja de tal forma que pasa por una novela breve de más de cien hojas. Trata del alma de Gardel, en efecto, pero también de los sueños lúcidos, de la soledad, de la seguridad interior, de la parapsicología, de la relación entre un viejo (el narrador, alter ego de Levrero) y una niña (su sobrina Verónica, que no se llama Verónica en realidad ni es su sobrina tampoco), del narrador flâneur, ese paseante callejero que camina sin rumbo como si viviera en el París decimonónico y se detuviera a ver escaparates, como si, caminando, aunque nunca suceda nada, pareciera que solucionase sus problemas; y del artista singular, de la persona de carne y hueso que crea arte por el hecho de ser diferente de la gente que anda por las calles, por el hecho de observar la realidad con esa mirada que lo hace especial. La cita que debería ir aquí, y que el lector debe encontrar en las páginas noventa y ocho y noventa y nueve, era muy larga y merecía la pena, pero…; como merece la pena para el personaje esperar el ómnibus en su parada y que empiece a llover y ver llover sin preocuparse de que están pasando los ómnibus que uno necesita para llegar a casa, porque lo llevan a casa y en casa uno solo quiere estar solo, tumbarse en la cama y soñar con Gardel, la hermosa rubia que llama a su puerta y esconde otros cuerpos, Verónica, Julia y todas esas mujeres que se han olvidado el paraguas y que él colecciona y retiene porque coleccionar y retener sus paraguas también es una forma de retenerlas a ellas, de hacer memoria. Insisto en ello: la memoria es el tema que aglutina los temas anteriores, de ahí que el relato haya sido organizado en brevísimas secuencias sin orden cronológico, como el agua que corre o el pensamiento que fluye. Como conclusión podemos decirle al lector apasionado que estamos ante una novela menor en comparación con El discurso vacío o La novela luminosa; aunque también habría que decirle al otro lector, el que llega por primera vez a Levrero a través de esta obra, que lo importante no está en la primera línea o en la primera página, sino en el conjunto global de un texto que, sin duda, dejará huella en su alma y su memoria. Mateo de Paz.

Recomendaciones de Mateo de Paz:

Sobre el acantilado y otros relatos, Gregor von Rezzori. Sexto Piso (2014).

No tan incendiario, Marta Sanz. Periférica (2014).

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